Toda la verdad sobre Dumbledore

24 febrero, 2016
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24 febrero, 2016 Pedro Martí

He decidido comenzar con una entrada que contenga una reflexión. Quienes me conozcan quizás ya la hayan oído. Y es que, efectivamente, además de ser un pozo inagotable de vasto y valioso conocimiento –únicamente sobre videojuegos-, soy un pesado de mierda. Un binomio indisoluble, como Rita Barberá y la farola a la que se ha encadenado.

Sin más preámbulos, vamos al lío. Me gustaría titular a la reflexión de hoy: “La verdad sobre Dumbledore”

Nota: Si no os gusta la saga Harry Potter, pulsad la X de arriba a la derecha, o seguid con el porno o con el Candy Crush.

Seguimos. Que Albus Dumbledore es un pésimo docente es una realidad conocida por toda la comunidad (Muggle o sangre pura). Este hombre es capaz de ocultar información a algunos alumnos para resultar más enigmático y más cool aunque con ello ponga sus vidas en peligro continuamente.

Pero ese no es el quid de la cuestión. Hoy vamos a hablar de lo injusto, lo chabacano, lo maquiavélico y lo infame que el barbudo profesor de Hogwarts puede llegar a ser. Por supuesto, no me dio pena verle morir (Sí, Dumbledore muere en el sexto episodio de Harry Potter. A los que no sois fans, os dije que os fueseis hace ya rato. ¿No tenéis nada mejor que hacer?)

La cosa es: Hay cuatro casas en Hogwarts. Dos de ellas ni cuentan, porque nadie sabe ni los colores que llevan, ni cómo escribir sus nombres correctamente, y además no han ganado ni un triste partido amistoso de Quidditch en su historia. Luego están las dos que importan: Gryffindor (Prueba a decir esta palabra, ya verás cómo alguien aplaude) y Slytherin (hasta pronunciarlo da como asquito)

Desde el comienzo, te dejan claro que el hecho de que te toque entrar en Slytherin es poco menos que entregarte a los brazos de la inmundicia, del odio, y seguramente de las drogas (de hecho, su símbolo es una serpiente con cara de mala hostia, y su fundador, un cruel asesino de masas) Por el contrario, si te toca ir a Gryffindor tendrás acceso a una formación excelente, un ambiente idílico, y como ya he dicho: aplausos allá por donde vayas, incluso de las otras dos casas -Jafelpaf y Reibencloz-. Además, tu símbolo será un león guapísimo, tus colores: el dorado y el granate, y dispondrás de una espada que aparece cuando nadie la espera y de un fénix cuyas lágrimas curan hasta el ébola ¿Qué sabemos del fundador de Gryffindor? Se dice que Jesús y él eran la misma persona, y que en sus ratos libres ayudó a Shakespeare a escribir Hamlet.

Pero adentrémonos en el asunto que nos ocupa. Draco Malfoy (Mala-folla para los amigos) es un chico vivaz, despierto, muy talentoso, no es desagradable a la vista, y puede que incluso sea ario. Pero el sombrero ese decidió echarlo al saco de los despojos (exacto, Slytherin) ¿Qué hizo la pobre criatura? Salir adelante como un campeón. Pero esto siempre es difícil cuando ves que tu profesora le regala una Nimbus 2000 (la mejor escoba voladora del momento) a un alumno que es especial porque tiene una cicatriz en la frente. Slytherin estuvo todo el año labrándose una cantidad acojonante de puntos gracias a sus buenos exámenes, a su magnífico comportamiento y a su enorme espíritu de equipo…Mientras tanto, Harry, Hermione y Ron se dedicaron a llevar a cabo todo tipo de conductas estrictamente prohibidas por la escuela, poniendo sus vidas en peligro, y llegando a petrificar a traición a un miembro de su propia casa.

Y ahí es donde entra Dumbledore.

Cuando Slytherin había ganado la copa de la casa, y todo el salón de actos de Hogwarts estaba adornado con su esperanzador color verde, al barbudo director se le ocurre otorgar unos puntos de “última hora”

—¡Ojo, cuidao! —le comenta al oído Malfoy a uno de sus secuaces. El gordo, por ejemplo.

—No te preocupes, Draco. Ya está puesta la decoración de Slytherin. Hemos ganado con toda justicia –le tranquiliza.

Entonces, Albus Dumbledore decide otorgarle a Ron cincuenta puntos por, cito textualmente “la mejor partida de ajedrez que Hogwarts jamás haya presenciado” (¡De modo que estabas mirando! Me lo imagino en una pequeña ventanita mágica viendo cómo tres alumnos de once años se juegan la vida) En resumen: 50 puntos para Gryffindor

—Joder, tío. El viejo éste nos jode al final, acuérdate de lo que te digo.

—¡Que no, Draco, tío! ¡Dumbledore es conocido por su sentido de la justicia y por ser un excelente docente! —le responde el otro secuaz. El feo. Bueno, el más feo de los dos. Muy guapo no eres si estás en Slytherin.

Entonces es cuando el director de Hogwarts decide darle a Hermione otros cincuenta puntos. Entendería que se los hubiese dado en la actualidad (por sus ojos).

Pero dárselos por tener “paciencia ante la adversidad” me parece totalmente excesivo y desproporcionado. No obstante, Slytherin todavía aventajaba a Gryffindor en 50 puntos.

—Joder, joder, joder —murmura Draco, que empieza a sudar. Incluso la perfecta estructura de su peinado parece tambalearse. El gordo y el feo intentan tranquilizarle.

—Al señor Harry Potter —arranca Dumbledore, que sabe que es el centro de todas las miradas, y esto le encanta— otros cincuenta puntos por no sé qué gilipollez. Por ser el elegido, básicamente.

—Bueno, Draco. Míralo por el lado bueno. No hemos perdido. Sé que íbamos ganando por más de cien puntos, que nos lo hemos currado todo el año, pero al menos hemos empatado tío.

Pero Draco Mala-folla sabe que esto no ha terminado. Dumbledore esboza una media sonrisa, y entonces Draco comprende que su macabra obra maestra está por llegar. Se le hiela la sangre, el miedo le atenaza las entrañas.

Dumbledore finalmente muestra toda su maldad y su odio concediendo 10 puntos al tonto de la película por intentar detener a los protagonistas cuando se disponían a jugarse la vida. Es kafkiano y perverso. Ante los llorosos ojos de cientos de niños de Slytherin, Dumbledore dice que si los cálculos no le fallan (encima con sorna) hay que hacer un pequeño cambio en la decoración. Así es como ese al que llaman “docente” destruye las esperanzas e ilusiones de todos esos niños que tanto habían trabajado durante el año; enseñándoles que si quieren ser algo en la vida, hay que arrimarse siempre a los famosillos, saltarse las normas de Hogwarts, hacerse cicatrices con forma de fenómenos meteorológicos y acercarse a perros gigantes de tres cabezas.

Por supuesto, al chasquido de dedos del viejales y el consiguiente cambio de decoración en la sala, le sucede un atronador aplauso. Lo más terrible es que no sólo Gryffindor aplaude, sino también esos que ni aspiraban a ganar el torneo: Hafflepaz y Raivenclauf.

¿A alguien le extraña que Draco sea quien tenga que matar a Dumbledore seis años después? ¡Lo que no se explica es cómo se detuvo antes de hacerlo! Seguramente imaginó la de puntos que perdería Slytherin por ello.

Y esa, amigos, es toda la verdad y nada más que la verdad sobre Albus “Justicia” Dumbledore.

Espero que os haya gustado, y que la próxima vez que tengáis que ver una película sobre injusticias no veáis «Cadena perpetua» o «La vida de David Gale», sino «Harry Potter y la piedra filosofal».

Pero estáis avisados: es una película muy dura.

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